Más espacio del que soñamos: un fix up a la chilena

Publicado el 27 de diciembre del 2018 | ~

Por Mario Bustos Ponce

Abogado y Escritor CF (Santiago de Chile)

Dentro del mundo de la ciencia ficción existen los llamados fix up, lo que, en muy sucintas palabras, son una colección de cuentos que giran en torno a una historia común. El formato de fix up ha sido utilizado por los grandes autores, especialmente en la edad de oro y plata de la ciencia ficción, dado los requerimientos de dichas épocas en donde, en Estados Unidos, las historias eran publicadas en revistas especializadas, y luego, con el correr de los años, eran sistematizadas, editadas y publicadas en forma de libro.

Así, por ejemplo, ocurrió con el Ciclo de Trántor, trilogía original de la saga de Fundación de Isaac Asimov (Fundación, 1951; Fundación e Imperio, 1952; y Segunda Fundación; 1953), en cuyo caso, cada uno de los tres libros está constituido por relatos breves que fueron publicados independientemente en la revista norteamericana Astounding Science Fiction entre 1942 y 1950. Todos los relatos que construyen el Ciclo de Trántor giran en torno a la caída del imperio galáctico y los esfuerzos de generar un nuevo imperio lo más rápido posible.

Conviene destacar que grandes obras maestras de la ciencia ficción han sido construidas en forma de fix up, no solo por haber sido concebidas primeramente como relatos breves para revistas especializadas. En efecto, Ray Bradbury (que, a diferencia de Asimov, nunca formó parte del llamado “círculo Campbell” y, por tanto, estaba lejos de la célebre Astounding) construyó con ese formato sus Crónicas Marcianas (1950) y, en mi humilde opinión, su más perfecta obra El hombre ilustrado (1951).

Otras obras dignas de mencionarse que se han construido como fix up son, en primer lugar, Ciudad (1953) de Clifford. D. Simak, que en mi apreciación es la obra que mejor ha aprovechado los recursos de este formato, por lo que creo que es una de las obras selectas de toda la literatura de ciencia ficción y, en segundo lugar, Bersekers (1967) de Fred Saberhagen, que narra los terribles enfrentamientos de la raza humana en contra de máquinas autorreplicantes que viajan por el universo destruyendo toda forma de vida.

Y así, llegamos a Más espacio del que soñamos (Puerto de Escape, 2018), primera obra de Leonardo Espinoza Benavides, quien incursiona de lleno con este interesante fix up en la ciencia ficción chilena.

Este libro, publicado por la editorial Puerto de Escape, está construido por 19 relatos y una historia central que gira en torno a una serie de misivas enviadas desde la Luna. Si bien es cierto que es una historia simple, sirve de contexto general al libro y le imprime el sello de fix up. Personalmente me hubiese agradado que esta historia general hubiere sido más profundizada, tal y como lo hacen las obras Ciudad y Bersekers, ya mencionadas, pero quizás el autor prefirió que los protagonistas fueren los relatos, al más puro estilo de Bradbury.

Si bien es cierto que el autor ha referido, en más de una oportunidad, que este libro está inspirado en el “campo chileno” (lo cual se plasma íntegramente en el cuento inaugural de la colección Campos de maíz y acero), ello no implica que todos los relatos que contiene se construyan sobre la base de dicha premisa (al menos para quien lee). En efecto, los relatos que componen Más espacio del que soñamos abordan diversos contextos y temáticas, convirtiéndose en un libro muy versátil.

De esta forma, a lo largo de este libro nos encontramos no solo en el campo, sino que, por ejemplo, en ciudades extremadamente agobiadas por el trabajo y falta de tiempo, en un secuestro en un gigantesco centro médico, o en el cerro Santa Lucía en el contexto de una guerra impensada, pero verosímil.

El autor, acérrimo seguidor de ciencia ficción, plasma en las páginas de sus relatos un estilo fresco y estimulante con el cual, si bien se abordan temáticas científicas rigurosas, no resulta agobiante. Por el contrario, se nota que su pluma descansa en la lectura acuciosa  de los grandes del género y que por su mente deben de haber transitado Bradbury, Asimov, Clarke, Correa, entre otros tantos al momento de escribir; en fin, un libro de ciencia ficción pura, con un incierto aire a Algo más en el equipaje (2012) del ya mencionado Bradbury.

Dentro de los cuentos más destacables de esta colección se encuentran, entre otros, Sueños de Ciudad que nos muestra una sociedad que no descansa y en la cual el dormir pasa a ser una actividad de aprendizaje y clave fundamental de la vida humana, muy al estilo de Isaac Asimov en sus cuentos Soñar es asunto privado (1955) o Profesión (1957); también destaca El mecanólogo, en donde se narra una especie de secuestro en un gigantesco hospital que más asemeja a una ciudad y que tiene ciertas temáticas comunes con Tras el incierto horizonte (1980) de Frederik Pohl, en relación a los desafíos futuros de la medicina y que, también, parece ser un digno homenaje a Los títeres (1969) de nuestro clásico Hugo Correa. Conviene señalar que en este último relato el autor, médico de profesión, despliega todos sus conocimientos de anatomía, construyendo un relato muy verosímil y reduciendo al mínimo la faz de la fantasía. Estos dos relatos construyen mundos tan sólidos y novedosos que esperan una novelización; esperemos que el autor se anime a ello.

En síntesis, Más espacio del que soñamos (PdE 2018) se presenta como un fix up versátil, profundo e inteligente, cuyos cuentos están muy bien estructurados y que sorprenden por su calidad narrativa, inusitada para un libro novel, pero que, en atención al amplio bagaje literario del autor, era más que esperable.

En fin, solo queda por decir que este fix up tiene un alto potencial para agradar a los amantes más acérrimos de la ciencia ficción, permitiendo a Leonardo Espinoza entrar por la puerta ancha de la literatura fantástica nacional.

Maipú, diciembre de 2018.

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