El espacio que habita entre nosotros

Publicado el 16 de noviembre del 2018 | ~

Por Jorge Alberto Collao

La Serena, 2018.

 

Con el autor del libro que comento nos conocimos –cómo no- simplemente a través de la red, y a propósito de un artículo que publiqué con algunas ideas en el contexto del Primer Encuentro de Literatura de Ciencia Ficción y Fantasía, organizado en Letras de Chile y al alero de la Universidad Católica de Chile. De esta manera, tuvimos un intercambio interesantísimo y fructífero que, generosamente, nos permitió intercambiar obras sin mayor compromiso que darnos a la lectura. Fue entonces en junio de este año en que pude tener en mis manos esta nueva entrega de la Editorial Puerto de Escape.

Más espacio del que soñamos (2018), libro de 300 páginas que reúne una colección de 19 relatos de Leonardo Espinoza Benavides, nacido en San Fernando en 1991, médico cirujano de profesión y recientemente retornado a Chile después de una estancia en Estados Unidos, nos presenta en esta obra un contexto clásico y fácilmente reconocible dentro de lo mejor del género.

Cada relato, desde el evocador Campos de maíz y acero, hasta el enigmático Erz, nos muestra textos reposados, de un ritmo relajado como un metrónomo, que se mueve fluidamente entre los lenguajes más reconocibles de la ciencia ficción sin dejar de lado la propia impronta como autor, donde los textos aparecen de una cotidianidad lúcida, como si estuviesen ocurriendo precisamente en el mismo momento en que los acontecimientos son narrados. Así, esta habilidad para poner en los hablantes una dulce parsimonia que poco a poco nos pone en la piel de quienes viven los universos de cada relato, es único y fascinante. Aquí la ciencia constituye un marco apropiado para sostener a los personajes construidos hábilmente en perfectos trazos, no hay por lo tanto, descripciones prescindibles o terminología críptica, sino la construcción de situaciones de una naturalidad sutil y de un dramatismo casi mítico.

Más espacio del que soñamos es un conjunto de relatos maduros, conscientes de las reglas del género, construye personajes creíbles y entrañables, alejados de la pirotecnia del héroe de cartón, y de una línea continua que nos permite no solo sorprendernos con las historias que ya de por si causan nuestro interés, sino con el tono de los relatos del autor.

Sus historias son prístinas y sobriamente construidas, pero al mismo tiempo, desde ese cotidiano alucinante nos permite también estremecernos a través de ese contraste:

Al interior, sobre un camastro angosto, Javier reposaba desatado. No necesitaba amarraduras: en la unión de cada una de sus extremidades, en la unión de cada hombro con su torso y de cada pierna con su pelvis, cables extirpados se asomaban por entre el metal que rajaba la piel sintética”. (Padre Williams).

Leonardo construye una trampa donde de contrabando, terminamos convencidos que nos está contando sucesos que vivió y que ocurrieron en diez, 50 o 100 años en el futuro, donde agricultores, sacerdotes, funcionarios, exploradores espaciales y un sin fin, vivieron sus vidas como las vivimos nosotros en nuestras cíclicas existencias de seres humanos finitos y vulnerables:

Lorenzo la pudo ver sin problemas a través de la ventana: la imponente arcoclínica y sus más de cuatrocientos noventa metros de altura, considerándose la antena de la cúspide, y con sus dos kilómetros cuadrados de área abarcados por su base. Era difícil, más bien, perderla de vista.” (El mecanólogo).

Más espacio del que soñamos es un conjunto de relatos hermosos y líricos, sin quizá la estridencia de un Space Opera o la obnubilación de la Ciencia Ficción dura, y que sin embargo se equilibran en el género en este conjunto de relatos llenos de humanidad.

Jorge Alberto Collao

Escritor, Analista Químico.

13 de noviembre, 2018.

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