Nuestra propia Distopía

Publicado el 29 de agosto del 2014 | ~

ciudad-del-futuro

 

Por Leonardo Espinoza Benavides

 

Opinión de Los Vástagos de la Mente (PdE 2014)

 

La primera novela de Mario Bustos Ponce, Los Vástagos de la Mente, ha sido publicada el pasado 8 de Agosto de 2014 por la editorial Puerto de Escape. En tal evento, al interior del Castillo Wulff en Viña del Mar, recuerdo a uno de los asistentes preguntar al escritor: ¿Qué hace que tu novela sea distinta de las otras que tratan un tema similar? En ese entonces no había leído el libro en cuestión, que recién adquirí esa noche, por lo que me limité a contemplar la defensa del autor sin poder contribuir con algún comentario. Un par de semanas después, ya me siento capacitado para emitir algo parecido a una opinión.

La pregunta que nació del público fue hecha considerando que Los Vástagos de la Mente es ahora parte de las diversas obras de mundos post-apocalípticos. En lo personal, la incorporo más bien de lleno en el subgénero de ciencia ficción que trata todo aquello que es opuesto a una utopía. Aquí viene entonces la gran diferencia que hace de esta novela un trabajo único: Mario Bustos Ponce nos ha entregado nuestra propia distopía, reflejando de este modo, nuestros propios temores.

El imperio cultural Anglo-Sajón nos ha presentado sus recelos desde hace varias décadas a través de grandes y notables trabajos: Brave New World, 1984, Farenheit 451, todas loables creaciones que nos advierten de terribles futuros, que intentan despertar nuestra consciencia para detenernos un momento y hacernos pensar sobre el camino que estamos eligiendo. Pero los miedos de Europa y los miedos de Norteamérica no son los nuestros, por mucho que se nos hayan impregnado. Mario, un joven santiaguino, egresado universitario desde no hace tanto tiempo, ha escrito un libro en el que sí se puede descubrir aquello que asusta a varios de los nuestros.

Los Vástagos de la Mente tiene por protagonista a Kutb Li, quien pertenece a la importante Orden de los Kutb, única institución dedicada exclusivamente a la generación de conocimiento humano, luego de la catástrofe atómica que diezmó a la humanidad hace cientos de años. Encerrado en una biblioteca, que hace a su vez de habitación, Li trabaja incesablemente en la generación de la Teoría Unificada, cuyas aplicaciones podrían dar inicio a un nuevo apogeo de la especie humana, con los riesgos que derivasen de aquel poder. Desde aquí comienza a revelarse el trasfondo de la novela. Kutb Li tiene veinte años y ha pasado la gran mayoría de estos estudiando, con un contacto social reducido, bajo las incesantes exigencias de una institución que lo valora tan solo en base a su eficiencia. La dignidad tan solo se obtiene con un trabajo eficiente. ¿Son estos los miedos del joven y adulto chileno, atrapados por la tormenta productiva de inercia indestructible?… Una sociedad que nos exige sin darnos un descanso, que nos valora en base a nuestros títulos, diplomas, post grados, post-post grados, papers publicados (por supuesto que en inglés), y todo aquello que sea considerado útil para el motor de nuestro constructo social. Chile ha tenido su propia revolución industrial a una velocidad vertiginosa: prácticamente triplicamos nuestra población desde los años 50 tras una explosión de avances tecnológicos y médicos que nos llevaron hasta donde estamos hoy. De aquello por supuesto que ha venido en parte un bienestar, pero se ha creado aquí mismo una evidente Orden de los Kutb y somos muchos los que probablemente nos sintamos atrapados en ella; atrapados bajo promesas inciertas y un sentimiento de deuda para un sistema que se atrevería inclusive a llamarnos ingratos. Tal es el descaro.

Con la orden de los Kutb, se nos presenta una especie de antítesis al mundo de Montag en Farenheit 451. Mientras que Ray Bradbury temía por la quema de los libros, Mario Bustos Ponce teme la sobrevaloración de ellos por sobre la propia realidad, vanagloriando la no-ficción a un nivel cuasi-religioso.

Le aseguro que no pierde nada y gana mucho acabando con todos esos irracionales deseos de salir de aquí, dice uno de los personajes a Kutb Li, cuyos problemas se inician el día que desea ver qué hay Más Allá del Mar, fuera de esta opresión y soberbia científica, donde las emociones son denigradas y donde el arte es el mayor de los insultos.

 

O somos parte de la Orden, o de los disidentes, o inclusive de Más Allá del Mar

 

Así comienza nuestra distopía, donde la eficiencia es el parámetro de libertad y donde se nos llega a preguntar directamente, ¿para qué darle derechos a los hombres ineficientes?

Y no es tan solo la Orden de los Kutb, porque esa es solo una de las prisiones que Mario nos presenta y que afecta a un nicho en particular, sino que también existen otras, como irá notando el lector; lugares donde tal vez no es la tiranía gélida del conocimiento la que subyuga a sus miembros, sino más bien el eterno demonio del materialismo, por un lado, y el deseo de poder de los ansiosos disidentes por el otro.

Notable y entretenida es la figura de los psiquiatras a lo largo del libro. Lejos de la arcaica figura del viejo especialista, que a través del bisturí y su máquina de electroshock convencía a sus internos,  los psiquiatras aquí son también jóvenes, muy eficaces por supuesto, y que destruyen la mente con premisas pesimistas, pero acertadas, de la vida en sociedad.

Finalmente, con todos los miedos develados, cuando nos damos cuenta cómo lector que, o bien somos parte de la Orden, o de los disidentes, o inclusive de Más Allá del Mar, tristes por una libertad perdida, Mario Bustos Ponce nos ofrece un último camino, una pequeña esperanza luego de mostrarnos las tinieblas: Reformar y dejar de idealizar; intentar, al menos, devolver al mundo el valor de la emotividad. Al fin y al cabo, tal como se reitera en la novela, nuestro peor enemigo es uno mismo.

Considerado el fondo del trabajo creativo del joven autor, me parece prudente también observar la forma en que éste nos lo presenta, con fortalezas y debilidades. Así siempre ha sido en los círculos literarios.

Desde la perspectiva narrativa, Mario Bustos Ponce nos envuelve en su primera entrega, principalmente en la primera mitad del libro, en una ambiente claramente orwelliano. La figura de los Administradores, junto con la soledad y la impotencia de Kutb Li, nos sumergen en esta Isla déspota y sombría, si bien aquí los personajes suelen ser mucho más atrevidos con sus superiores de lo que habría sido Winston Smith en 1984, temiendo, como lector, las posibles consecuencias para los implicados. En el momento en que dudamos que vaya a ocurrir, Mario cumple con unas cuantas escenas cruentas que revuelven un poco el intestino.

Para los que gustan de la literatura de ideas y no buscan implacables la acción, la trama adquirirá ritmo rápidamente. La novela invita a detenerse por instantes a reflexionar lo cuestionado antes de avanzar a la siguiente página, a la vez que nos mantiene expectantes con los movimientos de sus personajes. Los diálogos son un fuerte y una debilidad: las primeras cien páginas nos presentan conversaciones inteligentes y reveladoras, mientras que en la segunda mitad del libro pueden por momentos perder un poco su naturalidad. Del mismo modo, puede haber cierta redundancia para el lector acelerado, pero que por otra parte resulta muchas veces útil para ponerse al día con lo que ha sido leído. Mario Bustos Ponce no quiere que se nos pasen los detalles.

Los Vástagos de la Mente tiene un largo muy agradable, 288 páginas, lo suficiente para que sintamos empatía por Li y esperemos cómo él, a cada instante, la llegada del gran  Mezord, mientras disfrutamos cada vez más la caracterización de los temibles psiquiatras hasta el punto que llegamos a sufrir por uno de ellos.

Además de la influencia de Orwell, resulta grato encontrarse con tributos al buen doctor, Isaac Asimov. Así, por ejemplo, hay un momento particular que pareciera que nos acercamos a la localización de la Segunda Fundación, y en otra instancia nos podemos ver reflexionando sobre el hombre y su tecnología como lo hiciéramos con El Fin de la Eternidad, con un digno cameo de Enrico Fermi. Y así como lo hacía Isaac Asimov y otros autores de Ciencia Ficción, Mario adorna su ficción con conocimientos no tan solo de ciencias “duras” sino también humanistas. El autor nos entrega una interesante introducción a la Teoría Unificada, así como también nos relata, considerando sus estudios en Derecho, la importancia de las Leyes en toda sociedad; empero, aquello que a instancias es claramente una fortaleza y una motivación intelectual para el lector, como en los casos mencionados, puede también tornarse un poco más frágil, como en algunas explicaciones biológicas a lo largo del libro.

De manera global, la novela que Mario Bustos Ponce nos entrega es un interesante y entretenido aporte a la ciencia ficción chilena, presentándonos una distopía contemporánea con la cual muchos podrán sentirse identificados, pues Mario ha hecho  una  compleja e íntima observación de nuestra sociedad. Con personajes que perdurarán entre los lectores (mi favorito sigue siendo Kutb Ross… debía decirlo en su honor), ambientaciones logradas como las habitaciones del Instituto de Sanidad Mental o los túneles de Catón, y con ideas y reflexiones que obligan un análisis y que muchas veces nos generan un nudo en la garganta, Los Vástagos de la Mente (PdE 2014) se abre un lugar y se instala con justo mérito dentro del género, siendo sin duda, una enriquecedora experiencia para cualquier lector de ciencia ficción de habla hispana.

 

Santiago de Chile.

25/Agosto/2014

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