Conozca al autor del primer libro fantástico del 2012: Christian Leiva – Ceballos y El Tarot de la Locura

Por Equipo PdE
La novela “EL TAROT DE LA LOCURA” (Puerto de Escape, 2012) trata de un payaso callejero que recorre Valparaíso, ciudad apocalíptica y cómica a la vez. Pero también marcha atrás en su memoria, para enterarnos de la “verdad oculta” de su vida, como una “tirada” de naipes demenciales del Tarot más original que hayas leído nunca. Payaso Dos, que así se llama el protagonista de esta ópera prima de CHRISTIAN LEIVA-CEBALLOS, se enterará que sus pasos han sido guiados por oscuros designios de Arcanos Mayores y Menores, que ya trazaron un plan infernal para su triste travesía de artista de la risa. “EL TAROT DE LA LOCURA” recombina fantasía y existencialismo, al barajar las siempre complejas relaciones entre vida trascendente y horror cotidiano, pues con cada nueva elección se restaura un universo impensado de opciones, resistencias o riesgos que aquí puede examinar en esta nueva entrega “realista” de la actual literatura fantástica chilena.
Existencialismo fantástico, imaginación y experiencia creativa
Christian Leiva-Ceballos (Viña del Mar, 1965) es arquitecto de profesión. Pero sus intereses siempre han sido más diversos y esotéricos, caóticos diríamos, pero ya se sabe, la falta de orden en nuestra sociedad goza de mala fama… Pues al momento de nacer, el planeta Mercurio se hallaba en la constelación de Sagitario y desde ese día su mente estuvo ocupada en lo que está más allá del horizonte. Fue su propia abuela materna la que lo trajo al mundo y asombrada al ver su mirada, en medio de uno de sus trances habituales, pronunció las palabras que fueron su condena: “Este niño nunca estará satisfecho con el valor aparente de las cosas. Le atraerá todo lo secreto, lo escondido y lo misterioso”. Así, se inició en el Tarot a temprana edad, guiado por el “Viejo Nicola”, un gitano ciego que vendía pailas de cobre en el Mercado cercano a su casa. A los 44 años fue bautizado por una bruja Aymara en una fuente de aguas volcánicas, en la aldea de Coroico, en el Altiplano Boliviano. (Lugar donde se habría situado la Atlántida, según el geógrafo y cartógrafo británico, Jim Allen).”El Tarot de la Locura” es su primera obra en prosa, habiendo incursionado antes en la poesía. Las cartas que aparecen en el libro, son un bosquejo de su proyecto pictórico: “Tarot de Valparaíso”.
A continuación, una entrevista exclusiva con este nuevo autor fantástico porteño:
P: ¿Arquitecto, Tarotista, cuentista o poeta, qué te define mejor?
R: Ninguna de ellas. Al igual que a cualquiera, me cuesta definirme respecto de las cosas que hago. Entre otras cosas porque no todo lo que uno hace, es todo lo que uno es.
Creo que todos somos seres múltiples, multidimensionales, cada ser humano tiene distintas facetas en su ser. Por ejemplo, alguien cuida su jardín y por ello es jardinero, pero también cocina delicioso, entonces es también cocinero, paralelamente desarrolla su trabajo como oficinista. ¿Cómo se podría definir a sí mismo ese ser?¿cómo cocinero, como jardinero u oficinista?,¿cómo se definiría cada una de las personas que leen esta entrevista, respecto de todas las cosas que hacen?.
Vivimos en un sistema que nos hace definirnos siempre, que nos hace parciales y específicos: Tú eres oficinista, tú eres chileno, judio, cristiano, progresista, conservador, etcétera. Es el sistema quien nos hace definirnos, nos hace jugar un solo juego, cuando podemos jugar a muchas cosas sin definirnos. La realidad no es parcial ni específica, tenemos la posibilidad y la obligación de ejercitarnos en todo lo que nos gusta, ¿para qué definirse?
Hablando específicamente de la pregunta, respecto de cada una de esas definiciones me declaro, humildemente, un practicante, un aprendiz.
Por ejemplo, respecto a la arquitectura, hay tanto que aprender, tanto por desarrollar, las obras de la arquitectura de otros tiempos han llegado a ser tan sublimes, otras obras han llegado a ser tan conmovedoras, otras tan perfectas, que me hace pensar que algunos conocimientos se han perdido y que en ningún caso nos encontramos en la cúspide de nuestra civilización, baste ver las realizaciones de los arquitectos góticos para darnos cuenta que, lo que aquellos podían hacer con piedra o ladrillo, ya no es posible de realizar hoy. Frente a arquitectos como el gran e inmenso maestro Antoni Gaudí, cuya obra de naturaleza fantástica lo hace un ser sin parangón en la historia de la arquitectura. Frente a un arquitecto como ése, sólo puedo declararme un aprendiz.
Respecto a ser tarotista, no lo soy. Sólo soy un lector, un lector de un libro antiguo, de los tiempos en que el lenguaje era gráfico y no literal. El Tarot es un libro hecho de imágenes, algunos como Eliphas Levi o Aleister Crowley afirman que el tarot viene de Egipto y que el primero habría estado hecho de láminas de metal sobre el altar del dios Hermes. Algunos autores lo relacionan con la cábala hebrea, con la verdadera astrología, con el psicoanálisis jungiano, con la magia ritual, etcétera. Ante ese gran cuerpo de conocimiento, sólo podría decir que he asomado la nariz a la puerta del Tarot. Afortunadamente el Tarot, se deja leer a distintos niveles de conocimiento, y es su propio maestro.
Respecto a ser Cuentista o Poeta, me viene al recuerdo las palabras de alguien que dijo “hay poetas que escriben y hay poetas que hacen de su vida una poesía”. Ojalá todos fuéramos poetas que hacemos de nuestra vida una poesía. Yo creo fervientemente que todos somos poetas, todos somos artistas, todos dibujamos bien, todos pintamos bien. Escribir poesía calma, es terapéutico, lo recomiendo ampliamente. Por otra parte quién no ha escrito una poesía alguna vez, por ejemplo, cuando hemos estado enamorados, tal vez allá por la niñez o por la adolescencia. Insisto, todos somos capaces de escribir poesía, no importa el alcance ni el ser reconocidos, lo importante, lo único que importa es darle expresión a lo que uno realmente es, darle voz a lo que somos. La expresión, llamémosla “artística” de cada individuo, es una expresión única en este universo, no existe una igual ni existirá jamás, son como las huellas digitales. Entonces, por qué no darle voz al cantante que llevamos dentro, o al pintor, que importa si Picasso pintaba así o asá, que importa no ser Neruda, lo importante, se debe decir todo aquel que quiera ser pintor o poeta, “lo importante es que mi expresión es única e irrepetible en el universo” y con esa frase resonando en la cabeza lanzarse a pintar, y pintar y pintar y pintar, o a escribir y escribir, en el proceso se adquieren herramientas y maestría y la certeza que nunca se termina de aprender. Y así con cualquier cosa que uno realmente quiera ser.
Bueno, para terminar, no me identifico con ninguna de las cosas que hago, y por otro lado creo que todos nos podríamos definir como los arquitectos de nuestros propios espacios, los tarotistas de nuestros propios destinos, los cuentistas que mantenemos vivas nuestras historias y los poetas alegres de nuestra propia vida. Además de todo aquello que cada uno quiera ser. ¿Para que definirse, entonces?
P: ¿Realmente el tarot sirve para “ver” tu vida pasada y futura?
R: Respecto al pasado no se cual sería la utilidad de “verlo” con el Tarot o con cualquier otro sistema. Se supone que el pasado ya lo conocemos.
Es respecto al futuro que los sistemas de predicción como el Tarot, se vuelven seductores, ante esa bruma que es el futuro sufrimos la tentación de querer conocerlo. Tendría que decir que no creo en un futuro rígido ni predestinado, el futuro para mí es un algo flexible y transformable, algo que generamos hoy a partir de nuestras propias creencias, a partir de las visiones de nosotros mismos, a partir de nuestras proyecciones y nuestros miedos. En este sentido repetiría las palabras de quien me enseño a leer las cartas, “el tarot es sólo un juego, pero es un juego peligroso”. Cuando la gente sabe que leo el Tarot, me cuentan sus propias experiencias al respecto, por ejemplo me dice alguien: “Me leyeron el tarot hace cinco años y me dijeron que tendría dos hijos, cosa que realmente ha sucedido”. Otro dice: “El Tarot me dijo que al principio de mi empresa tendría un camino pedregoso y efectivamente ha sido así”. Ante estas personas, me doy cuenta que hay gente que ha jugado su vida entera en una tirada del Tarot. Alguien ha susurrado en su oído una respuesta “leída“ en los arcanos (“Vas a tener dos hijos”, “vas a tener un camino pedregoso”) y el consultante que ha escuchado cree que la profecía se cumplirá y finalmente algo en él, la cumple.
El tarot es sólo un juego de espejos que avivan tu imaginación ¿qué quieres ver en ellos?: ¿Tus sueños cumplidos o tus peores pesadillas? ¿o lo quieres usar como herramienta de sanidad y crecimiento? Finalmente, es el demonio que te habita quien decide, pero ese demonio eres tú mismo.
Un lector de Tarot puede lanzar a un consultante una maldición profética, cuya mente mágica esperará ver cumplida. Por ello nadie debiera dejar que le lean el Tarot. Nadie debería leer el horóscopo en un diario. Nadie debería leer las predicciones del horóscopo chino ni de cualquier otro método de predicción o adivinación. Una vez leída o escuchada la profecía, es inevitable para la mente mágica del que la escucha darle poder a esas palabras, mientras más poderosa es nuestra mente mágica, más probabilidad hay que la profecía se cumpla.
No sé si con esto respondo a la pregunta, pero para ser más preciso, creo que sucede que en algunos casos el Tarot, sí predice el futuro, pero generalmente esto sucede en la medida que la respuesta leída en las cartas, genera un mecanismo de “profecía autocumplida”. En tal sentido, la única tarea que le queda a todo lector de Tarot serio, sería negarse a “leer” el futuro. Negarse a ensombrecer el futuro de cualquiera con la propia imaginación. Es demasiado ego pretender contaminar el futuro de alguien con nuestras propias ideas. Si aún así alguien se viera tentado a “ver el futuro” su obligación sería profetizar la mejor realidad posible para el consultante, no existe otra responsabilidad mayor a esta para el que lee.
Creo que el Tarot se debe usar como lo hace Payaso 2 (el protagonista de “El Tarot de la Locura”), en un principio él obedece las cartas, el escribe para sanarse, cuenta su vida para superar la realidad que lo abate porque es lo que cree que le dicen los arcanos. Luego, más adelante en el libro, las cartas lo hacen reflexionar sobre su presente, por así decirlo, las cartas le dan la clave de su estado actual. Ése es un gran logro para cualquiera ¿no?
P: ¿Tus personajes (Payaso 2 y demás) tienen algo tragicómico del cine neorrealista, pero también algo sarcástico del cine de Tarantino o Lynch, es importante la visualidad para tu escritura?
R: En realidad me siento halagado y sumadamente sonrojado al escuchar que mis personajes tengan algo de autores que admiro como Tarantino y Lynch. Creo que a Payaso 2 lo pondría muy contento la referencia (!)
En realidad, mis personajes son como apuntes de la vida diaria, están hechos de sueños y de realidades. Recuerdo una frase que escuché, en una charla que daba David Lynch ante un auditorio de estudiantes de cine, y que ilustra bien este aspecto: “La creación -recuerdo que decía Lynch- es sentarse a la orilla del río de la realidad con un hilo de pescar, las ideas pasan y de pronto alguna muerde nuestro anzuelo”.
Tragicomedia, neorrealismo, sarcasmo, no sé, son sólo ideas del río de la realidad que mordieron mi anzuelo y fueron dando forma a los personajes del libro. Es la realidad la que alimenta nuestra fantasía y, también, viceversa.
En este sentido la visualidad es la primera cosa en mi escritura, la visualidad es parte de la realidad. Lo que logramos ver (sea algo que sucede ante nuestros ojos o en nuestra imaginación) nos resulta más fácil de transmitir. Personalmente, si no logro visualizar la imagen no puedo transmitir la idea o lo hago de manera imperfecta, creo que cuando logro visualizar la toma, el encuadre, las luces, el ambiente y el ritmo me es más fácil escribir.
P: La fantasía está presente en el libro a través de fábulas, símbolos, esperpentos y fantasmagorías. ¿Con qué autores o estilos fantásticos te identificas?
R: Me identifico con el “existencialismo fantástico”. La realidad es un sueño, en cualquier momento se vuelve extraña, rara, salta lo invisible sobre nuestros ojos, la rueda de la fortuna gira y cada uno de nosotros experimenta una realidad mágica, un suceso extraordinario, una extraña coincidencia. La vida es mágica y está ante nuestros ojos, es material y sutil. O dicho de otra manera la manifestación de lo invisible, de los otros mundos, de lo mágico y lo fantástico, es absolutamente material y real: son las flores, las nubes, el canto de un pájaro, todo danzando en una forma cambiante e inexplicable. Lo material, lo físico, lo que podemos tocar, oler, sentir, es magia formándose ante nuestros ojos, bailando ante nuestros ojos.
Por lo tanto, en tal sentido el “existencialismo fantástico” forma parte del género fantástico: cree que la otra realidad existe, pero que esa realidad danza ante nuestros ojos todos los días. Cualquier momento es mágico y lo vivimos a diario.
P: También, dibujas y pintas, cómo se relaciona esto con escribir en general y con los relatos de tu libro?
R: Escribir es como pintar una idea. Transmitir a través de la palabra una idea hecha de colores, de paisajes, de seres, de formas y comportamientos para que el lector las imagine. Algo así como una pintura en 3D o mejor dicho en 4D. Tal vez por eso nos guste leer, equivaldría a un goce estético. Leer vendría a ser revivir la pintura cuatridimensional, que nos presenta el libro.
Hay pintores de ideas que son sublimes, nos seducen a imaginarnos estas pinturas en 4D, como por ejemplo J.R.R. Tolkien o Cortázar o García Márquez en “Cien Años de Soledad“.
P: ¿Tienes nuevos proyectos en carpeta? Y de paso, cuéntanos algo sobre tu proceso creativo…
R: Sí tengo nuevos proyectos en carpeta, alguien me dijo : escribe sobre tu aldea y serás universal.
Desde entonces estoy abocado a eso, a escribir sobre Valparaíso, sobre historias que se contaban en mi familia respecto a este puerto.
Respecto a mi proceso creativo, no tengo una metodología precisa para escribir. Ya dije que las ideas muerden el anzuelo, pero hay que saber pescarlas. La realidad me susurra en el oído ideas, alguien me cuenta una historia, alguien dice una frase, veo seres parecidos a mis personajes en un paradero de micros o sobre una carretela de verduras, sueño escenas o alguien me cuenta sus sueños. A veces investigo algún hecho para captar detalles que alimenten mis historias. Recuerdo un profesor que decía que nadie puede proyectar lo que no conoce. En tal sentido, mi proceso creativo está contextualizado en este suelo, en esta aldea, en esta tierra. Lo que, como ya he dicho no me lleva al materialismo ni a la espiritualidad pachamámica. Materia y espíritu son uno en esta realidad, la realidad es de índole fantástica y sobre ello me gusta escribir, tomemos por ejemplo, nuestra historia. La verdadera historia es de una naturaleza mucho más fantástica que los relatos registrados en los libros de historia, relatos que erróneamente creemos “reales y verdaderos”.
Por otra parte no sé si antes o después del proceso que he descrito, surge la urgencia de escribir, las ganas de contar una historia, lo que finalmente constituye el motor del proceso creativo. Luego nace el relato en una primera escritura, una especie de maqueta o de modelo de arcilla, que es necesario ir afinando y modelando. El ejercicio de la escritura va mejorando nuestra forma de narrar y la posibilidad de comunicar lo que queremos. Y luego viene la constancia, la capacidad de llevar a puerto el barco que hemos creado.
Creo que estas virtudes: el ejercicio y la constancia son esenciales para no abandonar las ideas a medio camino y completar cualquier proceso creativo.
Sólo el ejercicio y la constancia nos harán libres.
P: Por último, ¿la pregunta que nunca te han hecho nunca y que te gustaría responder hoy?
R: Siempre he querido que me pregunten eso de ¿Si tuvieras que llevarte tres libros a una isla desierta, cuáles te llevarías?
Bueno , creo que como mi condición de aislamiento sería prolongada, descartaría llevar libros para leer, porque en general me cuesta leer los libros más de una vez. Para asegurar la entretención y ya que estaría solo, preferiría llevarme tres libros para escribir. Libros en blanco y una lapicera. Tengo pensados los títulos “Maruzal, morada de lo que vuela”, “Molduras de Valparaíso”, “Kristópulus, detective de sombras”…
También me habría gustado que me preguntaran si existe dios… pero hoy no se me ocurre una respuesta…
Valparaíso, Enero de 2012.






