La Gran Biblioteca Infinita propuesta por la novela fantástica de Miguel Vargas

Publicado el 24 de junio del 2011 | ~

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Por Paula Rivera Donoso

En un principio, todo parece una sofisticada humorada: el protagonista, a quien se nos presenta en un pié de página como Malpertius Navarro, muere en ridículas circunstancias en el primer capítulo y descubre súbitamente que el infierno es real y que –¡sorpresa!– es nada menos que una representación fiel del infierno que describiera Dante en La Divina Comedia, Virgilio incluido. A fin de poder salvar su alma, se le encomienda la labor de escribir una novela en tan sólo un día, a través de la posesión de un vivo que resulta ser un personaje llamado Miguel Vargas, al igual que el autor de la novela. Éste, un profesor de universidad y literato venido a menos, suele enfrascarse en decadentes conversaciones librescas con su amigo Giovanni Pancarino, estudiante de literatura inglesa y, al parecer, mejor dotado para las letras que él. Su rutina se ve interrumpida cuando le acometen unos deseos repentinos de escribir una novela y publicarla el mismo día, a la par de peculiares malestares. Desde ese momento, su vida y la de su amigo empezarán a experimentar extraños eventos, llevándolos desde la insólita mansión quillotana de un judío que ha construido una réplica del Templo de Salomón con páginas hasta el burdel del título, en donde irán a confluir “todos los burdeles del mundo”.

Es entre este peregrinar cuando ambas líneas argumentales comienzan a entrecruzarse a modo de espejo, pero sin que sea posible determinar por completo cuál de ellas corresponde al reflejo y cuál a aquello que se está reflejando. Una virtud de la novela “En todos los burdeles del mundo” de Miguel Vargas (Puerto de Escape, 2007) es precisamente dejar en suspenso la posibilidad de que ambas sean como espejos enfrentados entre ellos, presentándole al lector una complejísima estructura metaliteraria que desenvuelve el argumento en una suerte de espiral que se cierra sobre sí mismo, siempre dentro de los terrenos novelescos.

Lo más evidente es cuestionarse (desde un nivel ficcional, claro) si la novela que leemos, titulada: “En todos los burdeles del mundo”, efectivamente sería el resultado de la infortunada posesión de la que es víctima el personaje de Miguel Vargas a manos de Malpertius. Sin embargo, este nivel de metaficción actúa casi a nivel primario dentro de la obra. Existen numerosos aspectos en la obra que complejizan el asunto. Por ejemplo, el hecho de que, al final del capítulo en que se presenta la voz del personaje de Vargas narrando en primera persona, aparezca una breve nota indicando “Extracto de la novela En todos los burdeles del mundo, de Miguel Vargas”.

Más importante aún, la enorme cantidad de referencias –directas e indirectas– al legado cultural y literario, principalmente de Occidente, comprendiendo desde curiosas citas en latín y griego hasta autores contemporáneos de ciencia ficción, pasando por las alusiones al artefacto de “La Nueva Novela” de nuestro Juan Luis Martínez, contribuyen a sostener el tejido del texto. Ya no se trata tan sólo de que los protagonistas se muevan en un ambiente libresco y erudito, sino que es éste, desde sus palabras entrecruzadas, el que les da forma a ellos y a la novela misma.

Este último aspecto presenta su clímax en la aparición del Empiterno o la Biblioteca Eterna, en un claro homenaje al no menos libresco Borges, que logró articular una obra notable en gran medida porque su propia existencia estuvo definida por la Palabra, ya fuese la de grandes clásicos europeos, la de la tradición gauchesca o la de la Enciclopaedia Britannica. Por ello, esta Biblioteca Eterna se presenta a Malpertius Navarro como una entidad que cada lector posee, armándose a partir de todas las lecturas que ha ido construyendo a lo largo de su vida, todas entrecruzadas entre ellas a pesar de disponerse en niveles distintos, de modo que la unión de todas estas Bibliotecas conformen la Gran Biblioteca Infinita. Este genial aspecto, probablemente uno de los mejores de la novela, termina por actuar de eje de los diversos episodios de la misma, constituyéndose a la vez como un meta-viaje, en lo que Malpertius va descendiendo por los nueve niveles de su propia Biblioteca, encontrándose con los Narradores de cada uno, a fin de llegar donde el Gran Arquitexto, el catalogador de todas las obras.

En el apartado rotulado como “EXIPIT (Innecesarias) Apostillas”, el narrador –a estas alturas ya completamente difuminado– nos presenta a la vez un elogio sobre el plagio, la imitación y la transcripción y una de las claves de la obra: “mi vida contiene infinitas vidas”. Esto da cuenta de cómo, en el fondo, ejecutar la escritura de una obra en una jornada es un acto paradójico, por cuanto una sola jornada conlleva insertas las jornadas de muchísimos más, expresadas a través del diálogo con otros textos.

En su peregrinar en busca del Catalogador, Malpertius Navarro se encuentra con la novela “En todos los burdeles del mundo”, firmada por Miguel Vargas. Esta aparición surge por medio del procedimiento literario de la puesta en abismo, llevada a cabo de manera casi gráfica: se incluye una representación de menor tamaño de la primera página de la novela y luego de su título, respetando incluso la tipografía. Este descubrimiento lleva a Malpertius a descubrir un factor que termina por anudar esta espiral narrativa de referencias, o a colocar el espejo que faltaba para convertir la obra en un juego de reflejos…

Por último, se debe hacer mención a los numerosos y paródicos episodios de un humor negrísimo que presenta la novela, ya sea respecto a estas mismas referencias literarias (la invocación al demonio, extraída de una novela de ciencia ficción de 1980) como a los eventos que experimentan los personajes. En este sentido, se destaca la capacidad de Vargas para intercalar situaciones completamente absurdas –aunque no del todo distantes de nuestra disparatada “realidad”– con el argumento tan erudito de su obra, sin que por ello se sienta como un recurso forzado. Una vez más, esto parece remitir a la figura de un Borges desacralizado, un autor que, pompas aparte, fue un soberbio lector de Enciclopedias, pequeñas y no siempre profundas glosas de todo tipo de conceptos o conocimientos.

En suma, “En todos los burdeles del mundo” de Miguel Vargas es una novela sumamente literaria y compleja que, pese al factor humorístico, demanda gran cantidad de lecturas y conocimientos literarios para poder disfrutarla en todo su potencial. Lo contrario puede llevar a considerar simple deseo de exhibir erudición por parte de su autor a todas las referencias implicadas en la obra, con lo que se perdería gran parte del diálogo literario que Vargas establece con ellas y, de paso, se invalidaría la función paródica descrita anteriormente.

Publicado originalmente en:

http://fantasiaustral.blogspot.com/2010/10/resena-en-todos-los-burdeles-del-mundo.html

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