Bibliomancia: lectura de la novela breve ”Pálidos” de Eric Carvajal

Publicado el 7 de Junio del 2010 | 4

paLIDOS

Por Marisol Utreras Guerra

Debo confesarlo, no fue fácil leer “Pálidos” (Puerto Alegre, 2009) y no porque sea un libro extenso o aburrido, al contrario, sorprende que tan pocas páginas puedan contener tanta hondura, pero el oscuro hermetismo que lo circunda me hacía sentir como una intrusa, hurgando en lo que no debía. Su lectura me dio la sensación de estar mirando por el ojo de la cerradura, viendo sólo una parte de la escena, y quedando oculto todo el resto, incluyendo diálogos y personajes, cuyas vidas y avatares apenas se insinúan.

La trama es estremecedora, por decir lo menos. En un pueblo pesquero cuyos varones se dedican a capturar serpientes de mar, habitan los pálidos, inquietantes seres “transformados” de manera horrible en engendros atemorizantes, de manera muy similar que nuestro chilote invunche o imbunche del mapudungun ifünche: “persona deforme”. Este proceso comienza “cuando no son tan pequeños, les injertan alas, les añaden garras y ojos nocturnos, les estiran los huesos o se los ahuecan…”

El hilo conductor del libro, que está estructurado en relatos breves, es la presencia de estos seres que alteran cotidianamente la vida de los lugareños, los divisan sobre los techos, se esconden de la luz o moran de manera subrepticia en los subterráneos de las casas. Les odian, dicen que roban niños y se los comen, son verdaderos parásitos ¡no merecen vivir!, esa es la consigna del pueblo  y como en las mejores estampas medievales, parten con palos, piedras, fierros y antorchas a exterminarlos.

El autor describe con pulcra elegancia escenas crudas y sangrientas, mas la fina línea se mantiene intacta, y en vez de la obscena obviedad del “gore”, nos encontramos con una pluma certera  que logra traspasar al (indefenso) lector el horror de la barbarie humana, presente en todo tiempo y lugar sin excepción, y para escapar de ella  “una mujer está embutida en su lecho, cubierta de pies a cabeza con todas las frazadas de la casa, para alejar el frío y no oír el ruido ensordecedor de afuera. Pero es inevitable ver como el alado yace sobre la vereda de polvo, ardiendo lentamente sobre un charco de tinta que comienza a crecer. – Basta… basta…”

Es doloroso leer “Pálidos”, sentí que esos pobres y contrahechos seres  retrataban todos los excesos, prejuicios, maltratos, ghettos, torturas y persecuciones de toda la historia de la humanidad.

El libro, físicamente, es de una pálida  belleza, donde se nota la experimentada mano de su autor, a quien conocí en primera instancia como editor de “Puerto Alegre”. Me sorprendió gratamente la forma en que estructuró el índice, el cual oculta un texto poético que sólo ve la luz al leerlo de manera continua. Interesante y creativo aporte.

En sus tapas blancas resalta la ilustración justa y precisa que retrata a la perfección el tema: un muñeco de madera  con  inquietantes alas rojas sobre  fondo negro, y aunque carece de rostro, se ve infinitamente triste.

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