Homenaje al Futurnauta Chilensis: Hugo Correa (1926 – 2008)

Por PdE | Publicado el 28 de Marzo del 2008 | 14

HUGO CORREA, INMORTAL.

Por Sergio Meier

No pude escribir, inmediatamente, estas humildes líneas de homenaje a Hugo Correa; tal fue el impacto que su fallecimiento me causara. Y es que él ya era una leyenda en vida, convirtiéndose ahora en una figura más grande aún si cabe, que nos sobrepasa cual titán, no sólo de la fantasía y la ciencia ficción nacional, sino de la Literatura y el Arte Universal.

No es una exageración pensar, que de no haber sido chileno, de haber nacido en Estados Unidos o Europa, podría haber tenido posibilidades y reconocimiento mayor, colocándose a la par de Bradbury, Asimov, Clarke, Lem, etc…

¿Por qué Nebulae, Minotauro, Martínez Roca u otras editoriales similares en castellano, nunca pusieron en su catálogo “Los Altísimos” de Hugo Correa? Sin embargo, era una leyenda en vida, puesto que sus libros, escasamente difundidos en el ambiente nacional, corrían como un descubrimiento milagroso, extrañas joyas, por entre las manos de los adolescentes lectores de ciencia ficción.

Así, Hugo Correa fue decisivo para formar mi visión de las posibilidades de la literatura y la imaginación. Si este hombre, un compatriota, era capaz de publicar en medio de un país tan gris y prosaico, ser apadrinado por Ray Bradbury, apareciendo en “The Magazine of Fantasy & Science Fiction” e “International Science Fiction”, y llegar a que se le dedicara un número completo de la revista Nueva Dimensión (signándolo en sus páginas, junto a Borges y Cortázar, como “uno de los escritores fantásticos sudamericanos más conocidos fuera del marco de Latinoamérica”), entonces, era posible soñar con ser un escritor de ciencia ficción chileno y alcanzar el éxito incluso más allá de cualquier frontera.

Mencionar y celebrar sus libros, el rigor y la genialidad desplegada en sus novelas y cuentos, desde el punto de vista más hard de la c-f hasta la belleza más surrealista de su vuelo creativo, hablar de sus mundos, tecnologías, paisajes y personajes maravillosos, es redundar en lo que ya muchos han dicho y seguirán diciendo. Yo me siento honrado de haberlo leído y conocido personalmente, de haber tenido el gran privilegio de estrechar su mano, intercambiar palabras y de compartir incluso el podio de presentación de la antología Años Luz, en la Biblioteca Nacional, contemplando los rostros asombrados del público al verlo y oírlo en carne y hueso.

Siento el orgullo de haber estado junto al sol más refulgente de nuestra galaxia fantástica nacional. Y su fulgor nos cubre, nos envuelve ahora, como en la muerte de toda estrella, convirtiéndose en una nova mágica, que ya nadie puede evitar de señalar por su fuego y tamaño multiplicado.

El estoicismo y la nobleza ejemplar, que Hugo Correa demostró ante el injusto destino, manteniéndose firme en sus ideales de escritor puro, desafiando los prejuicios y cánones establecidos por la generación de su época y del mercantilismo actual, nos hace reflexionar: ¿Quiénes serán lo suficientemente valientes para seguir su ejemplo?

Sin él, los escritores de ciencia ficción y fantasía que se asoman en nuestro país tal vez jamás lo habrían hecho, y es vano decir lo que se destaca entre todos los demás precursores, cuando su partida nos ha movido el eje, el fulcro, el suelo en que pisamos, removiendo brevemente hasta las demás esferas celestiales. Hace mucho que a Hugo Correa un poder más alto le confirió el título de Inmortal, sólo que ahora su obra se ha convertido en el arca de su alma, surcando los espacios siderales como un galeón de luz dorada, brillando para siempre…