Dossier: Un nuevo escritor fantástico… Marcelo Fuentes y su “Romance de Alauwen y Eliosad”

Por Marcelo Novoa | Publicado el 6 de Noviembre del 2007 | 2

Dossier: Marcelo Fuentes

Capítulo 22

(fragmento)

Un relámpago azul e intermitente desde el cráter

Despierta sorpresivamente a Alauwen: se levanta,

Camina en dirección del resplandor y reconoce

Su fuente en una gruta tan cercana y tan invisible,

Que se maravilla de no haberla visto antes.

Al entrar en ella, descubre una red de cables metálicos y azulados

Parpadeando incandescentes y surcando su cielo y las paredes.

Alauwen mira a su alrededor, percibiendo la presencia

De alguien más. Desconcertada, pregunta: “¿Valaner?”, y en ese instante,

Los filamentos arrojan un fulgor más pronunciado,

Que se proyecta hacia el centro de la caverna, y un hombre

Surge desde la luz, ceñido por una armadura,

Aunque enseguida una capa reemplaza su sobrevesta

Y su rostro va envejeciendo, rejuvenece de nuevo,

Sus rasgos y sus vestiduras se alteran continuamente,

Hasta que todos sus cuerpos y sus rostros se condensan

En una sola persona, desprovista de edad y ropajes,

Salvo un manto deslumbrante sin color y sin materia.

Desde esa masa de luz, el hombre despliega sus manos,

Sosteniendo una copa de piedra. Y, al extenderla, hacia Alauwen,

Le responde: “Sí, soy yo”, con una cálida voz,

Ya familiar para ella, “Y este es mi secreto, conservado

Por décadas y siglos, desde que este mundo era otro mundo

Y yo también fui otro. Ven, acércate”, y Alauwen va hacia él

Y sus manos a las manos fulgurantes, sin lograr

Que se produzca un contacto, pasando a través de ellas

Como si fueran de aire. “No eres Valaner,

Sino tan sólo su imagen”, dice Alauwen con tristeza,

“un simulacro vacío, como aquellos combatientes que la Madre

Introduce en los campos de batalla, con el único propósito de ampliar

Sus tropas y aterrar al enemigo”. Sonriendo,

Valaner le responde: “Hay tantas cosas

que creemos verdaderas o ilusorias

sin una buena razón. Y hay tal infinidad de gradaciones

entre lo real del todo y lo del todo ficticio. Ven, acércate otra vez”,

Y Alauwen toca la copa con la punta de sus dedos

Y palpa la aspereza de sus bordes, recorriendo inscripciones diminutas

Y tortuosos arabescos, que simulan espesuras vegetales,

Donde bestias y personas cobran forma y se disuelven

Los unos contra los otros, hundiéndose y emergiendo desde la selva de piedra…