La críptica Ciencia Ficción

Por Luis Saavedra V. | Publicado el 15 de Octubre del 2005 | ~

El problema subyacente en una sociedad -o grupo- que ha decidido crear sus propios códigos, es que exige un acto de fe tan grande que la obliga a permanecer desconectada de los demás acontecimientos y ser desconectada cuando no ha sido posible entenderla y asumirla. Un ejemplo representan las diversas asociaciones que se forman alrededor de las series de ciencia ficción televisiva, en donde las sesiones regulares se transforman en una torre de Babel. Además de exigir una alta acumulación de conocimientos, la poca diversidad compone un ambiente propicio para que el recién llegado se sienta cohibido y, entre los complejos de inferioridad y frustración, parta hacia rumbos donde no le exijan un prerrequisito tan alto. En general, la ciencia ficción es un grupo tan hermético por su propia encriptación que su esfera cognitiva no admite más elementos que los propios.

La críptica CFCuando leemos o escribimos en nuestros “fanzines”, damos por sabido qué fue “La Edad de Oro”, en condiciones que en todo campo existe una edad de oro, o “La Nueva Cosa”, y se da por sentada la importancia de escritores como Robert Silverberg y George R.R. Martin. Omitimos toda explicación de procesos científicos, técnicos o ficticios, como la descomprensión, la teoría cuántica, las distopías, ucronías, el salto hiperlumínico, etc. Sin darnos cuenta hacemos abuso de nuestra condición críptica y nos jactamos de ella autoproclamándonos un grupo intelectual privilegiado.

Sin embargo, ésta no es una denuncia, es apenas una indicación curiosa de una característica de la ciencia ficción. Un género que creció al borde de la literatura tuvo obligatoriamente que desarrollar mecanismos para sobrevivir, para justificarse. Ningún otro, con excepción de la novela policial y la fantasía, ha tenido tanto éxito usando el sencillo expediente de explotar sus convenciones y celar por sus fronteras. El género se ha vuelto tan complejo que se hace ineluctable la encriptación de códigos, por medio de la especialización. Pero lo críptico conlleva al descrédito del pensamiento teórico, en general, y la distorsión de la visión de quienes están afuera como observadores se desvirtúa más. Esta es una de las principales razones del desconocimiento del género.

Si constituirse en un ghetto sin parangón -el “ghetto dorado” para el historiador de la ciencia ficción James Gunn-, desde el punto de vista de preservación y recombinación de sus ideas-fuerza, trajo beneficios en las primeras décadas del género en los Estados Unidos, hoy existen argumentos suficientes para una mayor apertura. En el mundo, dados los últimos decenios de expansión de cuota de mercado, junto al hecho que la “literatura seria” comienza a tomar escenarios que siempre traían el sello de la ciencia ficción, esta última se ha vuelto lo suficientemente buena a ojos de un público más amplio y posmoderno, y es necesaria una reconfiguración de sus paradigmas, o al menos una moderación de su uso. En Latinoamérica, el ghetto de género sigue siendo una forma de autopreservación, obligado por las paupérrimas condiciones editoriales y sometido al continuo bombardeo cultural del primer mundo. Por ello, no tiene mucho sentido hoy que una columna de correspondencia en una revista sea una “lettercol”, ni un aficionado un “fan”, para que de ese modo el género tenga la suficiente flexibilidad y deje de ser considerado uno menor, bajo el prisma de los críticos.

CC 2005, Luis Saavedra.
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Nota: Una primera versión apareció en el fanzine Nadir, 1996.